Es mi Pienso/Jesús Castañeda Nevárez

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* El muro

Xalapa, Ver., 08 de marzo de 2021.- Cuando se presentan situaciones de conflicto con un marcado alejamiento de las partes, con graves problemas de comunicación que se levantan como empinadas montañas o caudalosos ríos que complican lograr la solución, se hace necesario encontrar mecanismos que resuelvan en primera instancia ese alejamiento.

Una opción es conectar las fronteras y acortar las distancias construyendo puentes que comuniquen, abran espacios de oportunidad y de soluciones, pero hacerlos representan un reto que demanda de la participación de experiencia, conocimiento, capacidad y principalmente de voluntad.

Pero cuando no existen éstos elementos indispensables para construir un puente, entonces parece mucho más fácil levantar un muro que deje a las partes en su propia razón y sus propios argumentos.

Algunos casos en el mundo han representado verdaderos símbolos de grandes diferencias que han ocasionado la absurda separación de hermanos, como el *Muro de Berlín* que dividió por casi 30 años a los alemanes por diferencias políticas entre capitalismo y comunismo; hasta que en noviembre de 1989 surgió la noticia de que no habría más restricciones y los mismos ciudadanos lo demolieron.

*El Muro de los lamentos,* que es lo único que queda en pié de lo que fuera el Templo de Salomón, construido en el siglo X A.C. y destruido por los babilonios en el año 586 A.C., reconstruido y vuelto a destruir por Roma en el año 70 de nuestra era. El Muro simboliza al pueblo judío que también sufrió varios eventos que buscaban su destrucción y así como el Muro, sobrevivió.

Para los judíos ese muro es considerado el lugar más sagrado de la tierra y es en él donde acuden a realizar sus plegarias a Dios; y si acaso están lejos, tres veces al día sus oraciones son dirigidas hacia el sitio donde se encuentra el muro de lo que fuera el Templo de Jerusalem.

*El Muro de la Vergüenza,* que hace alusión directa al *Muro de Marruecos,* pero que también ha sido utilizado para aludir al muro sionista que separa las comunidades árabes e israelíes en territorio palestino; y desde luego al *“muro de la vergüenza”* construido por los Estados Unidos en la frontera norte de nuestro México para impedir el acceso de los migrantes a su territorio.

Hay otros muros en el mundo; muros de piedra, de alambre o de cualquier material, puestos con el solo propósito de marcar una línea que no debe ser rebasada. Muros que separan, que dividen, aíslan y marginan. Muros físicos o mentales; muros reales o imaginarios que tienen un común en el ánimo de quienes los sufren o los observan, porque en su interior claman por que sean derribados y que se abra el espacio a la libertad de todos.

Es entendible que haya muros que deban ser derribados como un acto de justicia; como también los que sufren emocionalmente muchas personas con traumas y fobias que simbolizan un “muro” muy alto y por lo tanto se deba trabajar con apoyo profesional para “derribarlo”.

Hasta aquí todo parece comprensible, pero la última versión de *EL MURO* rompe todos los esquemas al estar levantado entre el problema y la solución; entre quien reclama justicia y quien está obligado a impartirla; entre quienes demandan seguridad y quien está comprometido a procurarla.

Un problema que ha lastimado a miles de familias por la desaparición y asesinato de miles de mujeres y la agresión física y moral de muchísimos miles de mujeres que calladas han aguantado esa pesada carga sobre ellas.

Tender puentes de solución es la demanda y construir un muro en la misma conmemoración del día internacional de la mujer, esa es la respuesta. Porka Miseria.

jjcastaneda55@gmail.com

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