Pablo González, del campo a la ciudad con piezas únicas

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Nidia Sánchez/cortesía

Ciudad de México, 02 de Octubre de 2020.- Sin tener fecha exacta en su memoria, el artesano Pablo González Enrique, afirma que tiene muchos años que decidió traer las piezas que elabora en su natal Ahuehuepan, sierra de Guerrero, a la Ciudad de México.
Allá donde todavía cazan jabalíes, porque los comen, y es que si no lo hacen, destruyen y se comen sus sembradíos de maíz, frijol y chile. Me muestra una credencial en que su fecha de nacimiento revela que nació en 1936, y desde que recuerda ha trabajado.
Allá no hay en qué chambear, dice don Pablo, y el oficio de crear máscaras y figuras la aprendió de su padre y su abuelo, por lo que se trata de una herencia, aclara que es también un gusto, disfruta su trabajo, “antes podíamos cortar la madera colorín, pero ya no hay fácilmente”, así que ahora deben de comprarla.
Es consciente que su trabajo tiene un valor más alto, por todo el proceso y lo que invierte en compras, nos dice que con lo que está pasando (COVID 19), ha decidido mantener los precios así.
Al mostrarnos la pieza de un jaguar con pelo original de jabalí en los bigotes y cejas, afirma que su precio ronda los 1,500 pesos, y él los vende en 600 pesos, algunas piezas de querubines en 400, y las cabezas pequeñas de pumas en 300 pesos.
Trae recuerdos a su memoria y nos comparte que su padre murió cuando él era casi un niño, por aquel entonces don José González Ramírez (padre), vendía sus artesanías en Chilapa y Chilpancingo, Guerrero. Su madre, doña María Isabel Enrique, falleció poco después.
Su único hijo y cuatro nietos, que viven en Guerrero, le ayudan en la elaboración y la compra de todo lo necesario para que cada pieza quede lista y llegue a manos de quienes valoran la cultura.
El 20 de octubre regresará a la Ciudad de México con piezas de cabezas de coyote, pumas, diablos, y otras sorpresas que no hemos visto, nos comparte emocionado. Además, sus deberes en el campo lo llaman, porque va por la cosecha de lo que sembró el 24 de junio.
La vida tiene sus misterios. Transcurrieron dos años para este reencuentro y fue precisamente en septiembre 16 que lo vi por primera vez saliendo del metro San Cosme, donde se instala en punto de las 7 de la mañana y solo puede permanecer tres horas, por razones de comercio ambulante y otros factores.

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