China y Estados Unidos se culpan mutuamente por el Coronavirus

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* Ambas naciones se responsabilizan por el covid-19, pero detrás de sus acusaciones hay una fuerte carga nacionalista.

* Donald Trump respalda la idea de que el covid-19 se originó en el Instituto de Virología de Wuhan.

GIDEON RACHMAN/MILENIO

EU, 11 de mayo de 2020.- Los historiadores del futuro podrían registrar que la pandemia de covid-19 marcó el comienzo de una nueva guerra fría entre China y Estados Unidos (EU). Incluso antes de que surgiera el coronavirus, las tensiones entre Washington y Beijing estaban en aumento.

China desafió el poder estadounidense en el Pacífico, al construir una cadena de bases militares en el Mar del Sur. En EU, la administración Trump inició una guerra comercial.

Ahora que la pandemia causa estragos en la economía mundial, con más de una cuarta parte de las muertes del mundo en EU, el presidente Donald Trump arremete cada vez más contra China y respalda la idea de que el covid-19 se originó en el Instituto de Virología de Wuhan.

De igual forma, especula que se pudo producir de forma deliberada, una idea que sus propias agencias de inteligencia rechazaron explícitamente. También se informa que a la Casa Blanca le interesa anular la doctrina legal de la “inmunidad soberana”, que protege a China de ser demandada por daños en los tribunales estadounidenses.

China también contribuyó mucho al aumento de las tensiones. Un portavoz del Ministerio de Relaciones Exteriores de China, Zhao Lijian, planteó la idea sin pruebas de que el coronavirus pudo originarse en EU. Beijing respondió con una agresión irrazonable a los llamados para una investigación internacional sobre lo que ahora es un desastre global.

Cuando el primer ministro de Australia, Scott Morrison, solicitó una investigación de ese tipo, el embajador chino en ese país planteó la idea de que los consumidores de China podrían boicotear los productos australianos en represalia.

Los funcionarios chinos parecen tener instrucciones de extender su propio régimen de censura a los medios e incluso a los gobiernos extranjeros, vigilando lo que se puede decir y amenazando con represalias a quienes no cumplan.

Si Beijing adoptara un enfoque más sutil para la protección de la imagen soberana de China, estaría de acuerdo con una investigación internacional sobre los orígenes del virus. Un estudio de ese tipo •con científicos respetados de todo el mundo, entre ellos de China y EU• ayudaría a desactivar algunas de las alocadas, y a menudo contradictorias, teorías de conspiración que circulan. Sobre todo, podría proporcionar lecciones para evitar la próxima pandemia.

Por supuesto, es muy poco probable que Beijing acepte tal investigación. Los nacionalistas verían como una humillación que los extranjeros investiguen los acontecimientos en China. El gobierno también es implacable en la protección de la imagen del Partido Comunista y del presidente Xi Jinping. Un relato honesto de las primeras etapas de la pandemia •y la intimidación que sufrieron los médicos que trataron de dar la voz de alarma• sería vergonzoso para el partido. También podría ser cierto que China tiene otros secretos perjudiciales que ocultar.

​Por su parte, el país asiático tiene razones legítimas para dudar de la buena fe de Donald Trump, quien constantemente ha incursionado en las teorías de conspiración y repetido “noticias falsas” mientras afirma denunciarlas.

Es probable que este comportamiento empeore a medida que se acerquen las elecciones presidenciales de noviembre en EU. Sin embargo, si China aceptara los llamados para una investigación internacional, no sería Trump quien redactara el mandato. Otras partes, incluyendo a las Naciones Unidas y la Unión Europea, podrían ayudar a garantizar la objetividad del proceso.

¿Espero que ocurra alguna consulta de este tipo? Realmente no. Pero en ausencia de una investigación independiente, es probable que la atribución de culpas entre EU y China se intensifique y se vuelva más peligrosa.

Hay un elemento innegable de xenofobia en algunos de los ataques contra China que están ocurriendo en Occidente, lo que ha llevado a una serie de agresiones verbales y físicas contra los estadounidenses de origen asiático.

Políticos de alto rango en EU, como el senador republicano Tom Cotton, llevan a cabo campaña para evitar que los estudiantes chinos se inscriban en cursos técnicos de inteligencia artificial y computación cuántica en universidades estadounidenses. Incluso hay algunos fanáticos en Washington que piden que EU no cumpla el pago de su deuda con China.

En el país asiático, el giro nacionalista que se le dio al plan de estudios escolar hace 30 años, después de la masacre de la Plaza Tiananmen, hizo surgir a una generación a menudo enojada, que se ofende rápidamente por supuestos desprecios por parte de extranjeros y que está ansiosa por demostrar el poder chino.

Esos sentimientos son alimentados por un gobierno que quiere desviar el descontento lejos del propio Partido Comunista. En el peor de los casos, todos estos sentimientos de enojo en ambas partes conducirán no solo a una guerra fría, sino a un verdadero conflicto armado.

Tanto Estados Unidos como China necesitan salir de ese peligroso camino. El primer paso sería aceptar una investigación internacional independiente sobre los orígenes del covid-19

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