Plana mayor/Gaudencio García

Por: Edson Ortiz Viernes, 10 de Marzo, del 2017 8:28 pm

* Sara, un fiasco; fiebre en la UV

¿Tú también, Miguel Ángel?

Veracruz, Ver., a 10 de marzo de 2017.- La fiebre por la sucesión en la Universidad Veracruzana a 100 días del bienio del gobierno yunista —el que creó vanamente expectativas de mejoría social a la sociedad civil—, disparó el albazo al hándicap sucesorio a la rectoría de la máxima casa de estudios y dio puerta para que se liberaran los demonios que han puesto en el filo de la navaja a la actual rectora Sara Deifilia Ladrón de Guevara González.

Sara sembró ríos de bonanza, positivismo y optimismo para la comunidad académica, estudiantil y trabajadores administrativos de la UV el 27 de agosto de 2013, cuando la Junta de Gobierno —la cofradía de nueve notables— dio a conocer su designación por consenso. A la vuelta de 4 años que se cumplen el 31 de agosto de 2017, la mayoría académica y trabajadores técnicos administrativos le han vuelto la espalda y con su mirada furibunda la quieren fulminar.

La quieren quemar en leña verde. En los primeros seis meses de su gestión en la rectoría de la institución más prestigiada del sureste del país, Sara se ganó a pulso la animadversión de propios y extraños. Es una académica con dobleces. Su dulce retórica es una, pero su comportamiento no se ajusta a su discurso. Es una simuladora.

Al principio de la administración era un bombón, un dechado de virtudes. En la máxima casa de estudios era un jolgorio, un regocijo, un fiestón de embriaguez —casi le mataban un pollo coloquialmente— en agosto de 2013, porque era la primera mujer que llegaba a encabezar la máxima autoridad de la UV desde su fundación del 11 de septiembre de 1944, dejando a la mitad del camino a sus pares Porfirio Carrillo Castilla —candidato del rector saliente Raúl Arias Lobillo—, Manlio Fabio Casarín León, Francisco Marcelo Monfort Guillén y Leticia Rodríguez Audirac.

Pero la alegría y embriaguez de la comunidad académica fue flor de un día. Pronto, muy pronto, la gran Sara Deifilia —que en latín significa “hija de Dios” que en la práctica está muy lejos de ser una generosa samaritana—, dio la sorpresa; se enfundó la tiranía, el autoritarismo, el concurso de las plazas se volvió un desgarriate, se disparó la volatilidad en su comportamiento.

La austeridad de su retórica es de “dientes para afuera” porque le importó un comino la crisis económica por la que atraviesa la Universidad Veracruzana por falta del pago de subsidios del gobierno saliente de Javier Duarte y del entrante de Miguel Ángel Yunes Linares. La comodidad, la tecnología del primer mundo y las camionetas de lujo son su delirio.

Sus comilonas con su familia en los principales restaurantes de lujo en Veracruz, en la capital del país o en el extranjero, van a cargo de las finanzas de la Universidad Veracruzana. Son uno de los tantos privilegios que le otorga el cargo de rectora, que según sus confidentes, chofer y jardinero cumplen jornadas de trabajo en su modesta residencia.

Sus amigos y contemporáneos que estudiaron juntos en las aulas universitarias y, que de vez en cuando, se daban sus ”tocadas” o “bocanadas” de mariguana, le dieron la espalda por su actitud volátil y explosiva. El poder público la cambió de carácter y se olvidó de la humildad, que por cierto, hoy pregona por los pasillos y entresijos universitarios para que la respalden en su reelección que busca afanosamente. De qué llegue quién sabe.

Curiosamente en el mes de marzo —a mediados, casi a finales— la Junta de Gobierno emitirá los lineamientos, mecanismos y criterios, de acuerdo con una de las integrantes Jaqueline Jongitud Zamora, para elegir al nuevo rector o rectora, según sea el caso para el cuatrienio de la UV que se inicia el 2 de septiembre de 2017 al 31 de agosto de 2021.

Sara no es una monedita de oro, pero ha sido un fiasco para la comunidad académica que ahora se dan de topes y juran y perjuran que no volverán a apoyarla en su loco desvarío por intentar reelegirse, así les ofrezca el oro y el moro. No hay docente o trabajador administrativo de la zona Xalapa o de las otras cuatro regiones universitarias del estado, que estén cabildeando en contra de la otrora samaritana rectora.

Hay un odio “jarocho” entre catedráticos y Sara Deifilia. Es tanta la desesperación de la máxima autoridad de la UV que en la primera semana de marzo declaró a la prensa local que buscará la reelección en el proceso de elección de la rectoría, una vez que la Junta de Gobierno expida la convocatoria, la cual estará emitiéndose en el mes de junio.

La fiebre por la sucesión de la rectoría de la UV ha adelantado los tiempos del reloj del juego sucesorio, porque en la primera semana de marzo —estamos en el fatídico mes de los idus de marzo, verbigracia el malogrado candidato presidencial del PRI, Luis Donaldo Colosio Murrieta, en 1994— se destaparon, además de Sara, Rosío —así lo escribe— Córdoba Plaza, Rocío Ojeda Callado —conocida con el sobrenombre de “La Pantera” en tiempos porriles e incondicional de la defenestrada Gina María Domínguez

Colio—, emisaria de Fidel Herrera y Javier Duarte, así como el oxaqueño Jorge Manzo Denes.

La rectora ha aprovechado los foros para exponer su proyecto continuista y no ha descartado cabildear con sus adversarios, que de plano no tienen química con la académica naolinqueña. Ha sido cautelosa para no polarizar su relación de terciopelo con el gobernador Miguel Ángel Yunes Linares, pero el tiempo, el reloj, está en contra de ambos.

El bienio estatal tiene que pagar los 2 mil 400 millones de pesos de subsidio a la UV, o de lo contrario, el SAT le podría embargar los bienes mobiliarios a la máxima casa de estudios. La comunidad académica ha exigido al gobierno yunista que cumpla con los ofrecimientos que hizo en campaña en favor de la UV. ¡De utopías o entelequias están ya hasta la coronilla! Comentarios a gau41@hotmail.com

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