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Miembros de la comunidad tarahumara han manifestado su indignación ya que gente de la ciudad, por medio del DIF

Piden rarámuris respeto a costumbres ancestrales

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Redacción/Dpoderapoder / Fuente de referencia: Dpoderapoder.mx

Publicado: 24/02/2012

Ciudad Juárez, Veracruz: Ciudad Juárez • El DIF está recogiendo los niños de la etnia rarámuri que acompañan a su madres a pedir “korima” (dádivas), sin criterio para comprender que para el grupo no se trata de limosna, pues el compartir representa para ellos una obligación.

”No hay trabajo, no hay vendimia, no hay qué comer y por eso salíamos a pedir, pero ahora el DIF quita a los niños, ya me quitó a mi hermanito Juan, no lo entiendo”, comentó María Chávez Chávez, una mujer rarámuri que intenta mantener sus costumbres.

Agregó que también el Sistema para el Desarrollo Integral de la Familia (DIF), se llevó a los nietos de Toño (Antonio Pérez Pérez, el gobernadorcillo) “y allá anda ahora, averiguando en las oficinas, para que se los regresen”.

María es miembro de una de las 150 familias que viven en la comunidad Tarahumara de Ciudad Juárez, fundada hace 16 años, la cual se ubica en la frontera de las colonias Gustavo Díaz Ordaz y Plutarco Elías Calles, al pie del cerro de la Biblia.

La gente en esta colonia rarámuri es poco expresiva, pero María casi sale al encuentro de los periodistas, pues en verdad está indignada porque los “cabochis” (gente de la ciudad), pueden quitarles a los niños por pedir “korima”.

“¿Qué vamos a hacer? No hay comida y no podemos ir a la ciudad a pedir korima, en la sierra la situación está peor, pero ya no bajan las mujeres porque bajan con niños pero suben solitas, sin niños”, denunció la mujer de 22 años y dos hijos.

“Allá en Tecorichi (municipio de Carichí) no se dio el maíz, ni el frijol, de vez en vez le llevaba dinero a los abuelos que allá están, pero ahora ya no podemos ir a la ciudad a pedir korima casa por casa”, dice.

La colonia tiene su propio gobierno que encabeza Antonio Pérez Pérez –a quien el DIF recogió sus nietos- e incluso su propia policía, que la integran los mismos vecinos, aunque casi no hay delincuencia, excepto por los vagos de colonias vecinas.

Es Federico Fuentes Moreno, también gobernadorcillo y además owirúame o curandero de la comunidad, quien explica el porqué de la incomprensión de los rarámuris para con la decisión del DIF de quitarles a sus niños si los sorprende pidiendo limosna.

“Korima no quiere decir limosna, sino compartir, ya que la misma palabra significa dar y recibir, los rarámuris tienen la obligación de compartir y por ello todo tarahumara tiene derecho a solicitar ayuda”, dijo quien lleva más 15 años en la ciudad.

“Cuando recogíamos la cosecha allá en la sierra, entonces nos reuníamos todas las familias y hacíamos la korima”, explicó el yerbero que receta la carne de zorrillo para los bronquios, el chuchupaste para la tos y la hierba anís para el resfrío.

“A veces a una familia se le acaba el maíz y entonces el hombre va y se para a la entrada de un jacal. La gente de esa casa se debe sentir honrada por haber sido escogida para ayudar a un hermano en desgracia”, explicó.

En las mesas de la colonia rarámuri de esta ciudad casi no se sirve sapá (carne) –ni leche para los niños-, sino que su alimentación se basa en: remeke (tortilla que ellos mismos hacen), kori (chile), frijoles y arroz.

Sus casas están hechas de paletas de madera, láminas y otros materiales al arbitrio de su imaginación y sobre el piso de tierra, en donde ponen los colchones en el suelo, aunque hay casa con refrigerador y televisión, se pudo constatar.

Todos hacen sus necesidades en un hoyo abierto atrás de su respectivas casas, en donde cloquean las totoris (gallinas) y en donde aun humea la fogata en donde se hirvió la olla con la harina fermentada con la consiguen elaborar el tesgüino.

A Lupe Moreno Méndez, una mujer de 60 años -quien viste una falda irisada de colores y luce sus akaka de suela ligera y correas hasta el tobillo-, no le interesa la plática de los niños que se está llevando el DIF.

Ella va apurada a tomar el camión porque se le ha hecho tarde para ir a mercar sus yerbas y artesanías, vende korogaka (collares), nakara (aretes) hechos de chaquira y remedios como la yerbasapo para el riñón y el estafiate para el estómago.

Al día puede ganar desde 50 hasta 200 pesos en un día, como los domingos, dijo la mujer nativa de San José Baqueachi, Carichí, quien no habla mucho porque “Lupe no sabe leer, no sabe escribir, no, no sabe”.

La mayoría de la gente en la colonia no sabe leer ni escribir –a excepción de Federico-, son indios sin color, sin alegría, de fuertes pómulos, carnes magras, resecas, en donde el nervio suple al músculo.

Con sus ropas de algodón, sus sarapes sobrios y simples, dicen extrañar las cumbres, los desfiladeros, el barranco y el bosque que está por todas partes.

Estos hombres de cara seria y surcada; pelo negro, liso y grueso –algunos con la collera que cubre sus sienes-, deambulan por la colonia como fantasmas miserables, esperando a que su líder regrese y les explique por qué el DIF les quita a sus hijos.


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